|
Es también un mito indoeuropeo, aunque entendemos
que puede tener antecedentes prehistóricos,
ya que la presencia de personajes de apariencia humana,
aunque cubiertos con un posible disfraz ritual zoomorfo
es bastante habitual en el arte cavernario, como por
poner un ejemplo, el famoso chamán de Trois
Fréres. En la misma línea, los modernos
estudios han establecido evidentes paralelismos entre
nuestro personaje y algunas divinidades antiguas,
como, en este caso, con el dios céltico Cernunnos
-por cierto, conocido desde antiguo en nuestra región,
donde han quedado vestigios toponímicos indudables-,
tal como se le representa en el célebre caldero
ritual de Gundestrup (Dinamarca, s. I a. C.), con
apariencia mitad humana, mitad caprina. Quizá
sea factible pensar que sobre un sustrato primitivo,
en forma de deidad indígena relacionada con
ciertas creencias espirituales o anímicas relacionadas
con el poder regenerador de los bosques, se halla
impuesto, en plena romanización, una deidad
importada, quizá el propio dios romano Silvanus.
Este mito, extendido por todo el viejo solar europeo,
recuerda en gran medida a personajes mitológicos
muy conocidos, como el "basojáun"
vasco y otros muchos: así, aunque algunos puristas,
como Aurelio del Llano, han interpretado que se trata
de un personaje adscrito más o menos recientemente
a nuestro panteón mitológico y, por
tanto, rechazan su carácter autóctono
o su antigüedad, nos parece, manteniendo invariable
nuestra línea de trabajo, que el mito tiene
una vigencia y una extensión geográfica
que casa mal con esa hipótesis, por la que
creemos que tiene derecho a figurar por derecho propio
en el mismo. Y en nuestra ayuda vienen las decenas
de leyendas que, con grandes y Pequeñas variantes,
se han ido recogiendo en el paciente trabajo de campo
de tantos estudiosos, tales como Jove y Bravo; C.
Cabal; R. Baragaño; A. Alvarez Peña;
etc.
Por otro lado, sí que hemos de reconocer que
el personaje es conocido con nombres muy diversos
en nuestra geografla: así, en el noroccidente,
es el bulligoso, "burgoso"; "musgoso",
etc.; en Tineo y Cangas' el "peloso"; en
el oriente, le conocen como "mofosu"; etc.
En todo el occidente se cree que su beso causa la
tisis, demacrando a sus víctimas y llevándoles
a una cruel y lenta muerte.
Físicamente, lo podríamos describir
como un ser mitad humano, mitad caprino (en algunas
zonas, incluso se le ve con apariencia de batracio,
de ahí el expresivo nombre de "mofosu",
como en Piloña); tiene enormes cuernos de cabra
y ojos muy ardientes; vive en la espesura de los bosques
y, ataca a los cazadores y leñadores, a las
mozas, etc. Aún así, sería injusto
considerarle un personaje dañino en exclusiva,
ya que tiene mucho en común con el pacífico
Fauno de la mitología grecorromana.
En base a todo ello, José M. Gómez-Tabanera
vinculó este mito al del "señor
de los bosques", estableciendo paralelismos con
el antiguo mito del oso humano, como se ve en viejas
leyendas, tales como la de la osa de Andara (mujer-osa
de los bosques cántabros, que cuida rebaños
de cabras en los riscos y come miel y bayas) o la
poética leyenda del ábside del monasterio
de Comellana, donde se representa una niña
en brazos de una osa, simbolizando una vieja leyenda
medieval según la cual la hija del rey o bien
la del señor de Dóriga -ambas versiones
son conocidas- se perdió en el bosque y fue
amamantada por una osa y su padre, agradecido tras
el hallazgo de la hija sana y salva donó este
monasterio.
Incluso se podría establecer una cierta pervivencia
actual en algunas manifestaciones populares, como
algunos centenarios personajes carnavalescos, tales
como el "mazcarito" de Beleño, etc.,
que unen a su simbolismo ritual un marcado carácter
profiláctico (golpean a las mozas con vexigas
y las manchan con harina o con hollín, sin
duda pervivencia de un milenario ceremonial regenerador).
|