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Es un mito muy vinculado al de las xanas/encantadas
y, como aquel, también de origen indoeuropeo,
como lo demuestran ciertas leyendas mitológicas
muy conocidas, como la de Jasón y sus intrépidos
Argonautas que recuperan el vellocino de oro de La
Cólquida tras matar al horrible dragón
que lo custodia; las de los dragones alados de la
mitología germánica o escandinava, pasando
por la cristrianizada leyenda del combate de San Jorge
o el Arcángel San Miguel con el dragón.
Podemos
describir al cuélebre como una enorme serpiente
alada, que vive en cuevas y fuentes y custodia tesoros
-"chalgas" y seres encantados "xanas
o encantadas", según la mayoría
de los folkloristas, aunque otros hablan de "atalayas",
supuestos personajes mitológicos del
panteón astur, actualmente bastante repudiados,
ya que estas "jovenciatas vaporosas" descritas
por Laverde se consideran hoy invención suya,
así como la técnica del "descorixuro"
consistente en apagar con rama de sauce unas lucecitas
que las esconden y seguir hasta el cabo un fino hilo
de un interminable ovillo, logrando el doble premio
de la "chalga" y la "atalaya".
Como expresábamos antes, este mito de la "atalaya"
parece una mixtificación y actualmente está
en entredicho dentro del Olimpo astur.
Desde una visión más "ortodoxa",
se cree que el cuélebre se duerme profundamente
y es el momento de desencantar a la bella joven y
obtener el tesoro, para lo cual hay que darle muerte,
clavándole algo en la garganta, pues sus escamas
son durísimas. Aún así, muchos
logran llegar a viejos y se marchan voluntariamente
al fondo del mar, donde siguen custodiando tesoros.
Aunque Aurelio del Llano insiste en que el cuélebre,
como la xana, es casi desconocido en el occidente
de Asturias, se equivoca claramente, ya que disponemos
de una riquísima tradición de cuentos
y leyendas que, con el nombre de "culebrón"
tienen como protagonista a este personaje. Así,
le tenemos como protagonista en casi todas las "gacetas"
o "liendas", que son leyendas de tesoros
escondidos, como obstáculo a superar para conseguirlo,
pues la serpiente ha sido siempre símbolo del
conocimiento esotérico, de búsqueda
permanente. Como muestra, se cree que en la sierra
de Penouta (Boal) hay una cueva donde, en su interior,
guarda una mesa servida con cubiertos de oro, que
está guardada por un fiero culebrón
enroscado a las patas de la misma; en Illaso (Villayón),
al lado del castro, hay una enorme piedra que tiene
una "ferradura" grabada y, bajo ella, un
culebrón terrible custodia un águila
de oro; en Tineo, -según J. E. Casariego- el
"cuolebrón" vivía en cuevas
sin fondo, guardando inmensos tesoros.
Es curiosa la historia que se cuenta en relación
con uno representado en el ábside de Santa
María de Celón (Allande), ya que no
es, dicen ellos, San Jorge, sino un peregrino que
mató con su bastón a un cuélebre
que desenterraba los cadáveres enterrados allí,
pues entraba por un "furao" de la pared.
La relación del cuélebre con los "tesoros
escondidos por los moros", a su vez asociados
a los poblados castreños o explotaciones auríferas
de la antigüedad, se constata en muchas de las
leyendas, como la que hemos citado del castro de Illaso
o en la que hemos podido recoger "in situ"
de labios de uno de los buscadores de oro en el Valle
Feliz de La Andina, que nos refirió como en
su juventud laboraron en el precioso paisaje kárstico
natural, aunque sin mucho éxito, porque "había
un demonio que lo tenía escondido, y puso a
un culebrón enorme enroscado al filón".
Valga como muestra de las innumerables leyendas transmitidas
oralmente, ésta que sigue: "Un culebrón
tenía atemorizados a los de Brañaseca
(Cudillero). Entonces, un joven valiente le llevó
un pan de boroña con una piedra al rojo vivo
dentro y se la tiró, diciendo: "Abre la
boca culebrón, que ahí che vei el tu
boroñón". Y murió al abrasársele
la garganta". En cambio, los de Salinas (Castrillón)
quisieron aplicar el mismo procedimiento, pero el
culebrón se tiró al agua y logró
apagar el fuego abrasador. Otra leyenda muy conocida
es la de la Cova de Cibrán, en la que la joven
encantada por orden de su padre es liberada por su
enamorado al regresar de la guerra y oír cantar
a un pastor: "Niña que estás encantada
en la cueva Socibrán, he de desencantarte yo,
mañanita de San Juan" (según Elviro
Martínez).
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