| El Diañu Burlón
o Diaño/Diantre |
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Es un mito de procedencia indoeuropea, que guarda
ciertas similitudes con el mito del trasgu, aunque
con ciertos matices que le diferencian, ya que el
diaño actúa más fuera de casa
y, además, es un diablo, que puede adaptar
múltiples formas, tanto animales como humanas.
En algunas ocasiones se presenta en forma humana,
generalmente de niño indefenso, (como la historia
común de la aldeana que lo encuentra llorando
en la caleya y lo lleva a casa, calentándolo
en el llar y dándole de mamar, a lo que el
ingrato responde, escapando por la "garmayeira"
y gritando con risa burlona: "Ajajá, que
comí sopes; ajajá, que les comí;
ajajá, que te ví el cú; ajajá,
que te lu ví"). Aún así,
es más común que adopte formas animales,
siendo habitual las de cabrito (así nos lo
contó una vieja abuela ya fallecida en Puerto
de Vega, pues en un concurrido baile que se hacía
en una casa del pueblo se presentó un alto
y guapo mozo y todas querían bailar con él,
hasta que una de las mozas le vio la pata de cabrito
y todas echaron a correr y él se desvaneció
en el aire, como si hubiese sido un mal sueño);
cerdo (hemos recogido en el mismo lugar la leyenda
de que una mujer pobre y con muchos hijos encontró
un "gochín" sin dueño y lo
llevó a casa y lo metió en el cubil
y, al día siguiente, cuando le quiso "echar
la caldada"; es decir, las sobras de comida,
el "gochín" se había esfumado;
y de burro (el cuento más conocido y más
difundido por toda Asturias es el del aldeano que
va a montar en su burro, que se niega a andar y ya
cuando logra que camine, éste lo derriba en
un lodazal, mientras se levanta de patas y ríe,
diciendo: "Tiruli, tirulo, ¿cómo
ténes el culo? El paisano, airado, lo llena
de palos, mientras le responde "Tirulí,
tiruleyas, ¿cómo tán las tus
orellas?". En Ponticiella, según Alfredo
Álvarez, se le apareció uno al cura
cuando iba para Trabada, pero, sabedor que era un
diablo, se deshizo de él diciéndole
"Jesús, María y José".
En la íntima creencia popular, aún
quedan los temores a la acción malévola
del diaño u diantre; de ahí, las formulillas
que aún utilizan nuestros mayores: "Arreniego
del demonio"; "Arreniego del pecáu"
o "Arreniego de los cotrosos del infierno";
o la más compleja, que transcribe Aurelio del
Llano y otros, como esta versión de Allande:
Jesús, María y José: Si sos el
diaño de ti arreniego; mal año pa ti;
doite mierda de gato negro; la Cruz te fago; veite
pá las penas de Fontoria".
Pero no se asustan demasiado con todo eso: en Figueras
les tiran la pila de ocle a los pescadores y en Luarca,
hacen ruido en el cantil para asustar a los que están
pescando. 0, como hemos recogido en Llendequintana,
a los que recogían castañas y las guardaban
en la corripia, les hacía burla, diciendo:
"Sacude, sacude, que mañá has ter
ben d'ellas"; y, efectivamente, al día
siguiente, la corripia estaba vacía. Los del
occidente tienen justa fama de constructores, y de
hecho reciben el nombre de "ARQUITECTOS",
ya que un "demo" fue el constructor del
puente de Ourubio en Boal (según Bernardo Acevedo)
y otro construyó el puente de Salime; por cierto,
que al concluirlo, los lugareños, lo tiraron
desde él al río para que se ahogase,
pero consiguió salir nadando y les gritó
desde una roca: "Eh, salime, salime ', dando
nombre al pueblo. En Boal también se habla
de unos diablillos llamados "DIABRECOS",
que tienen apariencia de llimacos y hacen travesuras,
descubren conversaciones íntimas, etc.
Se dice también que el "demo" o
"diaño" fue el que escondió
los tesoros de los moros que se citan en las "Gacetas"
y en el famoso "Ciprianillo" (así
nos lo refirió un viejo buscador de oro en
las minas romanas de La Andina, que nos decía
que nunca fueron quién a atopar donde lo tenía
escondido). A veces, se presenta como una especie
de mano peluda gigante que te empuja y te oprime impidiéndote
moverte o dormir y hasta respirar, lo que demuestra
la dualidad del personaje, aunque se le da el nombre
de 'PESADIELLU", como el de la historia que sigue:
un aldeano portaba un cabrito que cada vez pesaba
más y de pronto salta de los brazos y se mofa,
diciendo: "Ji, ji, jí, mexéi por
tí".
En esa misma línea de maldad, el "Diablo-Caballo"
o "Diablo Saltón" del concejo de
Navia invitaba a las mozas a subirse a sus lomos y
luego, en carrera vertiginosa, las llevaba al paraje
de El Barroso (Soirana) y las despeñaba por
el acantilado.
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