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La Guaxa parece responder en sus orígenes
a la pervivencia de un viejo mito indoeuropeo. Su
descripción física, discutible por ser
un personaje habitualmente invisible, se basa en la
ya centenaria de Rogelio Jove y Bravo, que la define
como una mujer muy vieja y arrugada, horriblemente
fea y desprovista de dientes, si exceptuamos uno monumental
en el centro de la boca, con el que chupa la sangre
a los indefensos humanos, casi siempre niños
o ancianos, haciéndoles paulatinamente enfermar
e incluso morir, sin causa aparente.
En uno de los primeros estudios descriptivos del
personaje, Aurelio de Llano niega su pertenencia al
panteón mítico astur, por entender que
no es más que una bruja, término que
procede de la voz latina "striga" (= Stryx,
ave nocturna). Alberto Álvarez Peña,
sin negar del todo el origen romano del mito, interpreta
más remoto su origen y lo lleva al Cercano
Oriente, concretamente a Palestina, donde unas demoníacas
'Lastilim" chupaban la sangre y la fuerza vital
a los humanos, siendo el vehículo de transporte
de esta creencia al occidente el propio Cristianismo.
Habría otro mito similar en el panteón
griego, concretamente las "Lamias", e incluso
en la mitología escandinava, ya que los "Elfos"
chupan los dedos a los niños gordos para que
no crezcan, aunque parece que no les matan.Creemos,
como aquel y otros muchos autores, tales como Constantino
Cabal, Ramón Baragaño, que de alguna
manera se ha personificado en la "curuxa",
ave temida y respetada como precursora del mal, ya
que según viejas creencias, su canto nocturno
anuncia la muerte, ya que dice "A Cavar, a cavar",
"A quebrar, a quebrar" o bien "Ahora
tú, ahora tú"; Aún así,
discrepamos de estos autores cuando niegan el carácter
mítico del personaje, pues entendemos que detrás
de él está la creencia popular innegable,
por lo que nos parece que, a falta de otras pruebas,
debe mantenerse, aún con razonables reservas,
dentro de la mitología astur.
La Guaxa es invisible, por lo que, como bien dice
Xuan X. Sánchez Vicente, no interesa tanto
su descripción física, sino su función
o su manifestación, que como él mismo
refiere, se realiza a través de las enfermedades
o de la propia muerte, ya que va debilitando a niños
y mayores hasta su desaparición física.
Para el mencionado autor, no se puede negar la existencia
de este mito, pues aunque sea dudoso su parentesco
con los elfos escandinavos, etc., parece claro que
se trata de un eufemismo de la muerte, y así
lo apoya la persistencia de algunos dichos populares,
tales como "comiólu la guaxa" o "llevólu
la guaxa".
Una de sus peculiaridades es que actúa de
noche, lo que favorece su invisibilidad, ya que se
cuela por todas las rendijas, actuando con total alevosía
y libertad, lo que le permite volver varias noches
hasta rematar la faena, casi siempre la muerte del
infortunado ser humano.
Su correspondencia con la "bruxa" tradicional,
determina que el ceremonial del conxuro sea muy similar:
así, contra ella ha creado el saber popular
múltiples amuletos y conxuros, como la "cigua"
o puñín, el rito de "pasar el agua",
etc.; tampoco es desdeñable su relación
con nuestro "Chupasangres", lo que vendría
en apoyo de nuestra creencia en la uniformidad o continuidad
de algunos mitos que puede reforzar la idea de una
comunidad de origen (un "ecúmene"
indoeuropeo). Testimonios recogidos por A. Peña
en Caravia y R. Sordo en Llanes y en Cantabria extienden
esta correspondencia al Sumicio, pues como éste,
puede hacer desaparecer cosas y personas. Otro aval
en esta línea nos lo proporciona el teósofo
Roso de Lima, que menciona una Guaxa en la Atalaya
luarquesa, similar a una bruxa, en el mismo sitio
donde el "Ome marín" se esconde y
prepara sus correrías y fechorías nocturnas.
Los recientes estudios para el oriente de Asturias
de Ramón Sordo confirman en gran medida todo
lo que va dicho: la Guaxa, según los testimonios
directamente recogidos de las gentes de los pueblos,
es casi siempre invisible, aunque los que la vieron
la describen como una mujer vieja y fea, de boca inmensa
y diente único que hace perder el color y enflaquecer
a sus víctimas, que la gente expresa con el
dicho "Comiólu la guaxa". Curiosamente,
este proceso de dejar tísico a los humanos
y llevarlos a la muerte tras chuparles la sangre es
coincidente con el relatado para el beso del "bulligoso"
en el occidente asturiano, y otras connotaciones,
como las de enredar a los vecinos en Pría de
Llanes les asemeja a los "diabrecos" boalenses.
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