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Aunque se acostumbra a describirles por separado,
entendemos que las muchas coincidencias pensar en
un solo personaje mítico que se ha diferenciado
o "especializado". Un primer acercamientoa
la común e hipotética "descripción"
nos presenta a un ser invisible y taimadamente maligno,
cuya particular manifestación o efecto consiste
en un inmenso peso, sofocación u opresión
que ese "algo" ejerce sobre algunas personas.
El escenario habitual suele ser de noche, en la oscuridad
de la casa, en el de la Manona, y en el exterior,
en el caso del Pesadiellu. Así lo hemos oido
en nuestra niñez, cuando decía que la
tétrica "Mano Negra" -como la "Mano
Chamosa" de Allande, Aller, etc- velaba de noche
los sueños de todos los de casa, apretando
al infortunado insomne con su mano informe y asquerosamente
peluda hasta dejarlo medio muerto, aprovechando que
la casa estaba "a mourón", a oscuras.
Ramón Sordo añade que en el oriente
dicen que hurga en las bocas de los niños dormidos
para ver si habían cenado, lo que le relaciona
con los miedos infantiles. Estas especiales circunstancias
han llevado a Luciano Castañón a la
consideración de que podrían tratarse
de sensaciones psicosomáticas ligadas a la
noche de insomnio, que es difícil poner en
duda como explicación ortodoxa o real del meno.
En esa línea, es interesante la relación
que establece Alvarez Peña entre "Pesadiellu"
/ "Pisadiel" con el latino "Pesurolo"
(=pesadilla) y con el céltico "Mare"
(de ahí viene el vocablo inglés "nightmare"
=pesadilla).
Aunque hay algunos testimonios que le asimilan al
trasno en algunos comportamientos, tales como revolver
toda la casa, hacer ruidos nocturnos, las noticias
más fiables la describen, en nuestra línea,
como una mano descomunal, peluda y sin forma definida
que busca afanosamente incomodar a su víctima,
a la que sólo abandona cuando ésta se
pone bajo la tutela de algún Santo, de la Virgen
o del mismo Dios. Eso nos proporciona un dato adicional:
el ser mítico en cuestión es un demonio.
La creencia a pies juntillas de nuestros antepasados
en la presencia de la diabólica Manona en sus
lares, les hizo procurarse el remedio a su maléfica
actuación, que ya hemos visto lo halló
en una receta lógicamente cristianizada, acudiendo
a la acción profiláctica, protectora,
de los santos. En cuanto al Pesadiello, su efecto
de opresión era muy similar y no deja de tener
igualmente carácter diabólico, pero
su acción se produce habitualmente en el exterior
de la casa, presentándose en algunos casos
en forma de perro negro muy peludo, como hemos podido
constatar en nuestro concejo de Navia y otros de su
entorno.
Su área de expansión geográfica
es coincidente con la del ser mítico anterior,
que está muy generalizada en el solar astur.
Xuan Xosé Sánchez Vicente entiende,
en su línea reduccionista, que El Pesadiellu
no ha sido descrito por ningún autor hasta
1976, en que dio noticia periodística de su
existencia Sánchez Martino, tras testimonio
oral recogido en San Martín de Vallés
(Villaviciosa), al que concede suficiente credibilidad,
aunque descarta que las noticias de M. Suárez
Fidalgo centradas en Nembra (Aller), algo a posteriori
de las anteriores, sean fiables; aún así,
no descarta, a falta de pruebas más concluyentes,
su existencia real como mito astur. En línea
similar se mueve, en este caso, Ramón Baragaño,
que se apoya en el extraño silencio de los
pioneros Agüero y Laverde
y de los clásicos Jove, A. de Llano, etc. Aún
así, se detiene en su descripción, coincidente
con la que ya va expresada en líneas anteriores,
si acaso matizando especialmente su carácter
maligno, ya que huye de los símbolos cristianos.
Lo describe bajo la forma de un perro negro sofocante,
coincidente con los testimonios que nosotros hemosrecogido
en el occidente asturiano y con mínimos matices
en varias aldeas de Salas y Grado, y que también
documenta Ramón Sordo en la zona sudoriental,
donde el perro negro se pone encima y asfixia con
el peso. Baragaño aún añade otras
variantes, bien en forma de enorme manona peluda -coincidente,
pues, con nuestra propuesta unitaria inicial-, bien
como macho cabrío que aumenta progresivamente
de tamaño. Esta última es una descripción
clásica, ya que hay una curiosa leyenda, atribuida
de antiguo al Diañu, en que un cabritillo peludo
y muy mojado es recogido por el pastor y comienza
a crecer hasta casi ahogarlo y, saltando del cuello,
le dice riendo: "Jí, jí, jí,
mexéi por ti". Esta virtud de cambio de
peso parece común a otros mitos, como las xanas,
según la leyenda de Castiello de Aguilar (Pravia)
que transcribe M. I. Arrieta Gallastegui.
La coincidencia con mitos nórdicos, tales
como el Alptrum germánico, da pie a pensar
en un origen mítico indoeuropeo, por otro lado
tan habitual en nuestro panteón.
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