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Es también un mito de indudable raíz
indoeuropea, claramente relacionable con las centenarias
leyendas nórdicas de Votan, que recorre el
firmamento en su tétrico trineo aéreo
de perros y lobos, dominando a voluntad las tormentas,
o, aún antes, con el dios céltico Taranus,
divinidad dominadora del trueno, que tan importante
sustrato toponímico ha dejado en la difícil
orografía de nuestra región, e incluso
podríamos forzar su paralelismo con la mitología
greco-romana, ya que algunos de sus atributos son
compartidos, entre otros, por la cabeza del Olimpo
de los dioses (Zeus/Júpiter).
Físicamente, podríamos describirlo
como un viejo muy alto y de ojos ardientes, dotado
de una enorme barba y puntiagudas orejas, que viste
una "pelleya" de cabrito y se cubre con
un enorme sombrero negro, que acostumbra a cabalgar
sobre los negros nubarrones arrojando pedrisco en
los campos y arruinando las cosechas. Aún así,
no coincide la descripción que nos aportan
los más conocidos folkloristas asturianos,
ya que Gumersindo Laverde, aún en el siglo
pasado, lo describe como un enano deforme, de rostro
tostado, largas melenas y enormes brazos que viste
con toscas pieles y lleva sombrero negro de alas de
cuervo y baja a la costa tronando tormentas, lo que
le hace muy similar al "Escolar" de los
vaqueiros; contrasta claramente con el personaje descrito
por Bernardo Acevedo, que dice que en su Boal natal,
dicen que es enorme, vestido de sayal pardo oscuro
y es conocido como "Reñubleiro";
eso sí, también dicen que viene montado
en una nube arrojando pedrisco.
¿Llegó a tener este pesonaje la categoría
de divinidad en el solar astur? Es probable que todo
lo que envuelve al mito del "Nuberu" forme
parte de un antiguo culto pre-cristiano, como se puede
deducir a partir del hallazgo en Carrio (Villayón)
de una pizarra goda del s. VII: se trata de un conjuro,
quizá obra de una especie de "tempestarii"
al modo de los latinos, que eran especialistas en
ahuyentar las tormentas, que lleva grabada de manera
significativa y por tres veces, la pentalfa, Muchas
veces se le cita con el nombre de Juan de Egipto,
Juan Orito, etc., y le acompaña una leyenda
repetitiva en toda Asturias, que dice que el nuberu
vive en aquel lejano país y prestó ayuda
a un asturiano que lo ayudó cuando vino a tirar
pedrisco y, al ser "esconxurado", no pudo
volar de nuevo sobre la nube; cuando el infeliz paisano,
guerreando en aquel lejano país, cae prisionero,
éste, aún agradecido, le libera y lo
devuelve raudo al solar astur, donde llega a tiempo
de impedir la boda de su novia.
Dado su carácter dual, benigno y maligno,
las gentes conocían diversas fórmulas
para "esconxurarlo", en la que se deja traslucir
claramente que el nubero y el diablo no son cosa distinta:
la presencia del cura, y más si estaba rodeado
de niños, era infalible, siendo míticos
en esta labor el de Villanueva de Teverga o el de
Xedrez en Cangas del Narcea; infalible era lanzar
lejos el zapato del cura, como hacían en Grado;
también tocar las campanas de capillas e iglesias
(en este menester, había campanas "especializadas",
como el famoso "truebanón de Belmonte";
y así, muchas campanas llevan "culebrones"
dibujados, porque al fin y a la postre, el nuberu
es... el diablo. También se ahuyentaba la tormenta
poniendo en la cortada la pala y el rodallu del pan
al revés (Tineo); la pala de dientes y de enfornar
(Navia), la pala de enfornar y laurel bendito (Villayón),
donde, además, tocaban la caracola; el carro
del país volcado; poner en la ventana la "piedra'l
rayo", que en realidad era un hacha pulimentada
neolítica; y, como no, el laurel bendito en
Ramos; etc. Por fin, si todo ello fracasaba, siendo
el paisano asturiano tan inclinado a "poner una
vela a Dios y otra vela al diablo", recurría
a las jaculatorias, siendo las más utilizadas
popularmente, con ligeras variantes según el
lugar, las de Santa Bárbara ("Santa Bárbara
bendita que n'e1 cielo tás escrita con papel
y agua bendita. En el nombre de la Cruz, paternoste,
amén, Jesús") y San Bartolo, que
tiene al diablo atado con una cadena ("San Bartolo
se levantó y con Jesucristo se encontró.
¿A ónde vas, Bartolomé? Yo, Señor,
con vos iré. Pues voy a darte un don que nunca
dí a varón: ónde fueres nombrado,
nun caigan rayos nin centellas, nin muyer muera de
parto, nin criatura de espanto"). O, como aún
recitan en Grandas de Salime: "Tente nube y'a
nublado, que Dios pode más que´l diablo;
tente nube, tente tú, que Dios pode más
que tú".
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