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Es un mito vinculado al agua, de clara procedencia
indoeuropea y que se extiende por toda la Europa atlántica
y mediterránea, donde se las conoce con diversos
nombres y apariencias ("donas" gallegas;
"donas d'aígua" en Cataluña
e Islas Baleares; "inxanas" del oriente
asturiano y Cantabria; "aujanas" y "lamiak"
del País Vasco; hadas irlandesas y bretonas,
etc.). El personaje mítico fue objeto de duras
controversias, ya que A. del Llano entre otros insistía
en que era un mito de la Asturias centraliega e inexistente
del occidente: la contradicción a tal hipótesis
resulta demoledora, ya que precisamente el occidente
es quizá la zona más fértil en
leyendas, aunque no se llamen Xanas, sino que son
las "encantadas" o "encantos"
de Tineo; Boal, Villayón, Navia, etc. E incluso
son asimilables a las "moras", cuanto más
nos acercamos al Eo.
Su apariencia física es la de mujeres bellas
y jóvenes, de larga melena rubia, que viven
en cuevas y fuentes y se presentan a los mortales
peinándose con un peine de oro al lado del
río o en la entrada de una cueva; cuidando
pitinos de oro o una vaca excelente; tejiendo con
finas madejas de oro; etc. El día de San Juan
salen a coger la flor de agua y se les puede desencantar,
pero, si por codicia humana, no se les desencanta,
su venganza es terrible. Aquí se produce una
ruptura entre los mitógrafos: mientras unos
dicen que la xana no está encantada, luego
no se puede desencantar; otros, la consideran una
prisionera del encantamiento y hay un día,
mítico por excelencia, que es el día
de san Juan o del solsticio de verano, en que el cuélebre
que las guarda junto los tesoros, se duerme y se les
puede rescatar; y aún otros, en esta ceremonia
de la confusión, introdujeron a las "atalayas"
que custodian "chalgas" o tesoros escondidos
por los moros. Por poner un poco de orden en la exposición,
entendemos que la xana está encantada, como
se ve en muchas leyendas, como la del mozo que mata
al cuélebre que esconde a su novia, encantada
por su malvado padre y dice: "Niña que
tás encantada en la cueva Socibrán,
tengo que desencantáte yo, mañanita
de San Juan" (según Eloy G. Pellón).
Se dice que tienen hijos, los xaninos, que se los
cambian a las aldeanas para que les den de mamar;
cuando éstas sospechan del cambio, ponen en
el 'llar" cáscaras de huevo o el mondo
de una manzana y cuando crepita, el xanín exclama
ingenuamente: "Cien años fai que nacín
y'a nunca tantos pucheros n'a vera del llar vín".
Pero la xana no persona el agravio y priva a la mujer
de obtener riquezas, como le ocurrió a una
vecina de La Mantiega (Grado).
Por citar algunas de las leyendas de la xana/encantada,
diremos que en Puerto de Vega -y esto se puede hacer
extensible a toda la vieja Asturias- había
una en cada fuente, que salía a peinarse la
mañana de san Juan con su peine de oro, siendo
muy temida la de Camonedo, pues ofrecía el
peine de oro al que pasaba y si lo cogía, le
mataba con él. La leyenda se sitúa geográficamente
al pie de un castro con enormes fosos y al lado de
una explotación de oro en filones de cuarzo;
esa vinculación con "tesoros ocultos por
los moros" está muy generalizada, siendo
célebre la de la "mora" de Cabo Blanco,
un castro marítimo de El Franco, que custodia
unas minas de oro donde decían, -según
refería Marcelino Fernández a principios
de siglo-, que los "mouros" sacaban "l´ouro
a máus chenas"; muy similar nos ha sido
referida otra leyenda, vinculada a las explotaciones
romanas de oro en el Valle Feliz de La Andina; en
El Castro (Allande), la "encanta" cuida
"ua pitía con cien pitinos de oro"
y en la estela de Coaña, hay enterrados decenas
de burros cargados de "feixes" de oro. En
el occidente, predomina la leyenda del peine de oro,
ya que se han podido recabar leyendas bastante similares
en lugares muy distantes geográficamente, como
la de la que cuida el toro en El Pozo de San Feliz
(Trevías); la de la "Reina encantada"
del Penedo Aballón (Boal); o la de la "presa
de la mora" en Pambley (Cangas del Narcea).
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